A partir de las 60-70 semanas de edad, las gallinas ponedoras entran en una fase de declive natural: la tasa de puesta cae, la calidad de la cáscara empeora y los problemas de plumaje se intensifican. Alargar el ciclo productivo de estos lotes es uno de los mayores retos económicos de la avicultura moderna. La investigación reciente demuestra que la proteína de insectos puede marcar una diferencia significativa en esta etapa crítica.
El problema: la caída productiva en fase tardía
Una gallina comercial alcanza su pico de puesta entre las 25-30 semanas y, a partir de ahí, la producción desciende de forma progresiva. Después de las 60 semanas, esta caída se acelera y viene acompañada de cáscaras más frágiles, mayor tasa de huevos rotos y un deterioro general del estado del ave. La industria busca estrategias nutricionales que frenen este declive sin recurrir al muda forzada.
Qué dice la ciencia: insectos y gallinas tardías
Varios estudios recientes han evaluado el efecto de la harina de larva de mosca soldado negra (Hermetia illucens) específicamente en gallinas en fase tardía, con resultados prometedores:
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Li et al. (2023), en un ensayo publicado en Veterinary Sciences (DOI: 10.3390/vetsci10050364), demostraron que la suplementación con harina de insecto durante el período tardío de puesta aumentó linealmente la tasa de puesta y redujo la tasa de huevos agrietados, además de mejorar la riqueza y diversidad de la microbiota cecal.
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Star et al. (2020), en un estudio publicado en Animals (DOI: 10.3390/ani10020216), alimentaron con larvas vivas de mosca soldado negra a gallinas mayores de 67 semanas. Las aves mostraron mejor condición de plumaje y la producción se mantuvo estable, demostrando que las larvas pueden sustituir la soja en gallinas de edad avanzada.
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Un ensayo con gallinas Lohmann LSL-Classic de 100 semanas evaluó la inclusión de harina y prepupa de insecto al 1.25%, 2.5% y 3.75%. El grupo con 3.75% de prepupa mejoró el índice de conversión alimenticia, mientras que el peso y la resistencia de la cáscara fueron superiores en los grupos suplementados con insectos (Italian Journal of Animal Science, 2025; DOI: 10.1080/1828051X.2025.2578314).
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Un ensayo de campo realizado en la granja Wern Farm (Gales), en colaboración con Better Origin, comparó un lote alimentado con larvas de insectos frente a un control durante un ciclo completo. La productividad del lote control cayó 2.4 veces más rápido, y la diferencia acumulada supuso la pérdida de más de 106,000 huevos potenciales en el grupo sin insectos.
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Kim et al. (2024) publicaron un metaanálisis en Veterinary World (DOI: 10.14202/vetworld.2024.1879-1893) que recopiló datos de múltiples estudios y confirmó que la harina de insecto mejora la eficiencia alimentaria, las unidades Haugh, la calidad del albumen y de la cáscara en gallinas ponedoras.
¿Por qué funciona en gallinas tardías?
La proteína de insectos actúa sobre varios de los mecanismos que se deterioran con la edad:
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Microbiota intestinal: La quitina del exoesqueleto funciona como prebiótico, alimentando bacterias beneficiosas (Lactobacillus, Bifidobacterium) que pierden presencia con el envejecimiento del ave. Un intestino más equilibrado absorbe mejor el calcio y los aminoácidos esenciales.
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Calidad de cáscara: La mejor absorción mineral, combinada con el perfil completo de aminoácidos de la harina de insectos, se traduce en cáscaras más gruesas y resistentes, reduciendo la tasa de huevos rotos que tanto penaliza en lotes viejos.
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Estrés y bienestar: Las larvas vivas estimulan el comportamiento natural de forrajeo, reduciendo el picoteo de plumas y los niveles de estrés. En gallinas tardías, donde el deterioro del plumaje es acusado, este efecto tiene un impacto directo sobre la termorregulación y la salud general.
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Defensa antimicrobiana: El ácido láurico presente en la grasa de la harina de insecto actúa contra patógenos intestinales como Salmonella y Clostridium, reduciendo la presión sanitaria en animales cuyo sistema inmune es menos eficiente por la edad.
Conclusión
La evidencia científica es clara: incorporar proteína de insectos en la dieta de gallinas en fase tardía no solo frena la caída natural de la producción, sino que mejora la calidad del huevo, la salud intestinal y el bienestar del ave. Para el avicultor, esto se traduce en ciclos de puesta más largos, menos pérdidas por huevos rotos y lotes más rentables hasta el final de su vida productiva.